Nieblas

En la madrugada y como una aparición tras la niebla surgieron unos seres en el camino que me hicieron detener el coche de repente; allí estaban, quietos, sin inmutarse, escondidos tras la niebla y como queriendo asomarse para ver el paisaje que la luna pintaba. Pude contar no uno ni dos, sino cientos de ellos que se agarraban a luz fría del satélite nocturno, pero sólo unos pocos fueron los agraciados de salir en la foto.